Espejo de sangre

La mirada se enrarece, los colores se mezclan y la perspectiva es confusa. Los sentidos se estremecen, llevando a la situación a una sensación de sueño hiperrealista. El sonido se aguda, las voces se funden  y cuesta percibir el significado de las palabras.

Los brazos comienzan a entumecerse, los dedos se  endurecen como piedra. Los labios se resecan y la respiración pasa a primer plano.

Y ahí estas vos, hermano, puedo sentirte, puedo mirarme. Como un espejo reflejando mi humanidad te encuentras  posado a mi lado. Tu sensación es la misma, tu color y semblante también.

No te veo preocupado, tampoco lo estoy yo, aunque de manera involuntaria me tiemblen las piernas. Hice un esfuerzo para poder comprender por que sucedía esto, al levantar la mirada pude comprenderlo. Erguido pero asustado estaba Bruno parado frente a mí, manteniendo mis piernas en alto para ayudarme a recuperarme. El que temblaba era él. Su temor no es para despreciar, la situación no ameritaba nuestra calma. Estábamos lejos, muy lejos de casa, pero unidos por algo mas fuerte que el lazo que se presupone al adjetivar a una persona de amigo.

En medio de un camino a cuatro mil y pico de metros de altura, sin asistencia médica alguna en kilómetros a la redonda, es entendible tu miedo querido Bruno.

Veníamos de cumplir algo mas que un simple objetivo, conocer ese mítico lugar para nosotros tiene otro significado que el verse en una foto en lugar turístico semejante. Pero eso no es motivo del presente relato, ese significado lo guardamos cada uno dentro nuestro por el resto de nuestras vidas.

Refresco mi mirada, y comprendo el panorama, seguís acá a mi lado, espejando mi natural e involuntario malestar corporal. Veo en tus ojos la misma calma que siento dentro, esa que se obtiene cuando uno solo piensa en lo esencial, despojándose de cualquier tipo de preocupación propia de este mundo moderno.

Ya mis pensamientos son difusos, mi poder de critica esta tan ausente como nuestro miedo a la muerte, ¿será exagerado pensar en esa posibilidad? Miro tu cara y tu presencia salvaje ya se parece al personaje de esa película que nos gusta tanto.

Recobro mis sentidos luego de sentir salada mi boca, sal traída hacia nosotros por alguien con acento extraño, pero gracioso. Ya estoy erguido recuperando aire junto a otra persona con acento extraño, pero no gracioso, sino mas bien desagradable. Este último aun se muestra incrédulo ante la situación, debatiéndose así mismo si ofrecer o esperar que le pidan el último bocado de magdalena que se estaba por comer.

La mirada se recupera, los colores se definen y la perspectiva se aclara. Los sentidos se estabilizan, los brazos recuperan su elasticidad, los dedos nutridos de magdalenas están.

Y ahí estas vos, hermano, puedo sentirte, puedo mirarme. Como un espejo reflejando mi humanidad te encuentras parado a mi lado. Tu sensación es la misma, tu color y semblante también. Puedo interpretarlo, las ganas de vivir nuestra vida así me lo demuestran.

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